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EL CELADOR EN LOS SERVICIOS ESPECIALES Y CENTROS DE SALUD

ISBN
978-84-1323-946-0
Nº de páginas
330
Dimensiones
17 x 23.5 cm
Edición
3
A color
Rústica
Depósito legal
J-80-2020
 19,50 €

Reseña de la obra

El desarrollo continuo, en el que se ve inmersa la sociedad, demanda que la tecnología se adapte al cambio, observando de una manera especial dicho avance en los hospitales, al ser la salud uno de los principales objetivos que se persiguen. Esta evolución, exige una mejora sustancial, en las profesiones y profesionales que desempeñan labores de atención al usuario, debiendo adecuar de manera rápida sus servicios a quien los demande, con el _n de ofrecer una calidad asistencial acorde al momento. El término celador, para definir esta profesión y a quién la realiza, está obsoleta, no coincide con su definición, el celador ya no solo vigila o cela, sino que su campo de acción se ha ido ampliando, es un híbrido entre el personal sanitario y el administrativo, igual transporta enfermos y documentos, que desplaza grandes pesos; lo mismo da citas por ordenador que hace una tarjeta SIP, pero el reconocimiento a su labor es oscuro y silencioso. En la forma, el celador es un/a chico/a para todo, situado en el último eslabón de la cadena sanitaria, del que todos se sirven y en el que algunos se escudan para enmascarar deficiencias de una mala organización o esconder errores. En el fondo, constituye un pilar básico, en el que se sustentan todo tipo de acciones, que tratan de dar cobertura a un objetivo común, el paciente, del que van a ejercer de cordón umbilical durante su estancia en la Institución Sanitaria. Recibe al enfermo en momentos en que la fragilidad de ánimo es elocuente debido a la ausencia de salud, siendo dicha acogida el primer gesto terapéutico que va a recibir, y del que van a brotar una serie de sensaciones que van a poner de manifiesto la personalidad de nuestra profesión y de nuestro centro de trabajo. La primera impresión, va a marcar las pautas a seguir, por un servicio de calidad, que comienza con una recepción empática, y prosigue proporcionando al usuario la confianza necesaria para poder abordar la situación de incomodidad en la que se encuentra, debido a la ausencia de salud o al desamparo en el que se ve envuelto ante la utopía que genera el hospital. Las empresas privadas, destinan cantidades importantes de su capital a las relaciones con el cliente porque saben que el contacto personal, es fundamental para lograr beneficios. A la vista de esto, uno puede preguntarse ¿No será una incongruencia abandonar tanta responsabilidad en alguien que a la vista de su identidad debiera realizar otras labores? A parte de recibir, también logra compartir diariamente las inquietudes del enfermo al estar en contacto permanente con el mismo, alcanzando un grado de complicidad tan elevado, que le permite conocer situaciones ignoradas por el personal facultativo pudiendo ser éstas, tan cruciales para su recuperación, como los propios medios terapéuticos (un problema familiar, algún miedo oculto, etc.), logrando ganarse el apellido de favor, con atención directa, pero sin desprenderse del lastre de No Sanitario.

Sería necesario empezar a valorar y estudiar todas estas situaciones y buscarles una solución, para ello, es importante ir tomando conciencia de lo que es este trabajo y cuáles son las reivindicaciones que se pueden hacer y hacerlas públicas, transmitiéndolas ante quien corresponda, o por medio de las instancias oportunas, y si no es suficiente, en algún momento se debería empezar a tomar conciencia de lo que es el trabajo del celador en su situación actual. Podemos empezar aportando algunas ideas sobre cómo dotar de contenido real la profesión de celador dentro del mundo sanitario, si fuese necesario, cambiar su denominación más acorde con el momento actual de las tareas desempeñadas, tanto sanitarias como administrativas, por ejemplo, Auxiliar de apoyo, Ayudante socio-sanitario (con el objetivo de ampliar su campo de acción, como podría ser al desarrollar la Ley de Dependencia), crear el título para dicha profesión, con periodo y nivel de estudios, materias, prácticas, en una palabra, dotarle de cualificación profesional y por supuesto incluir la categoría de acuerdo con las tareas realmente realizadas y su correspondencia económica, dentro del Estatuto Marco y el Estatuto Básico del Empleado Público. Con esta nueva edición que tiene en sus manos, aportamos nuestras contribución actualizada a todo ello, un libro que ya se ha convertido en un referente para todo aquello que está relacionado con el celador y sus funciones específicas laborales.

Autor

autor
Rafael Ceballos Atienza. Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Granada. Máster en Gestión y Dirección de Residencias de la Tercera Edad. Diploma de Puericultura para Médicos. Experto en Salud Infantil. Médico en el Servicio Andaluz de Salud e INSALUD. Investigador-docente en la Unidad de Hipertensión y Lípidos, Hospital Clínico San Cecilio, Granada. Coordinador y Técnico Asistencial, Distrito Sanitario Jaén Sur, Servicio Andaluz de Salud. Varios Estudios de Investigación Internacional y Nacional. Tres Premios Científicos. Ha publicado numerosos libros y participado en capítulos, artículos, guías, etc. e intervenido en numerosos congresos nacionales e internacionales. Gerente de Formación Alcalá.

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